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sábado, 22 de diciembre de 2012

Tú, la que mueres por dentro.

Te duele el estómago y te arden los ojos. Tragas saliva y agachas la cabeza. Una de las mangas de tu sudadera se escurre por tu postura, codo sobre la mesa, la cabeza sobre la mano. Tiras de la manga hacia arriba con rabia.

Los cortes aún te duelen, te gustaría desinfectarlos al menos. Calmar el dolor.

Pero no. Te niegas. Sabes que no te sucederá nada grave, nada que sea digno de mención, y que el dolor seguirá permanente.

No te importa. Sonríes. Es lo que estabas buscando.

Tu sangre llora por ti. Nadie lo verá. Es tu secreto. Tuyo y sólo tuyo. Al igual que esa punzada en el corazón, enamorado de quien no debes.

Tú solo querías que te quisieran por una vez.

Sabes que nunca sucederá. Sabes que deberías aceptarlo. Acostúmbrate. Resígnate a la realidad.

Pero no puedes. Ansías con todo tu ser, nada te corresponde. Sufres, pero te callas. Aunque tus ojos hablen por ti.

Las lágrimas siguen insistiendo en humillarte.

¿Pero esa no es acaso tu especialidad? ¿Acaso no es el fingir tu mayor habilidad?

Lo es.

Te colocas bien la manga de la sudadera y respiras hondo. Te sientas bien y sonríes. Vivan las sonrisas falsas.

Tú, la mayor actriz de todos los tiempos.

Tú, la que mueres por dentro.

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